Enero: Contra la mortalidad infantil
Enero lo dedicamos a la paz. Y, con lo grande que es este tema, hemos seleccionado una de las principales consecuencias de las guerras, de la falta de libertad, de la pobreza (porque todo se une): LA MORTALIDAD INFANTIL.
Se calcula (dato aproximado) que 30.000 niños menores de 5 años mueren diariamente en nuestro mundo. Por día, no por mes ni semana. Lee bien. Por día. La verdad es que no son datos para todo el mundo, así en general, sino para una parte bien concreta del mismo. Todos sabemos a qué parte nos referimos, a qué continentes, a qué países… La ignorancia, en esto y en otras cosas, no existe. Quizá donde no se conozcan las cifras sea donde se parece, pero donde se puede hacer algo para solucionarlo se tienen claras.
Imagina que el dato se amplía a 6 años, o 7, u 8. Serían cifras aún más insoportables.
¿Qué hacer? ¿Cómo contar esto al mundo? ¿Vivimos de espaldas, en la ignorancia…? ¿Qué le ocurre al mundo, a esa parte del mundo donde estos datos no son efectivos?
Muerte de un joven skin.
Yo, como muchos otros en nuestra sociedad, como la inmensa mayoría, me he quedado conmocionado ante este acontecimiento. Estuve fuera el fin de semana, desconectado de noticias y periódicos, y cuando llegué a mi casa abrí los periódicos digitales para estar informado antes de llegar el lunes a mi trabajo en la escuela.
La primera noticia que me sorprendió fue la del rey. Después me quedé perplejo ante la muerte de este joven, de Madrid, que a sus dieciseis años ha sido asesinado en un vagón de metro, en el transcurso de una pelea.
Me quedo alucinado porque ya no sabemos cómo decir las cosas. Insistimos una y mil veces en que la violencia no soluciona nada, y para muestra un botón. Insistimos desde todas perspectivas posibles en que lo único que crea es más violencia, en espiral creciente. Insistimos en que hay lugares y momentos en los que no se debe estar.
Seguramente cuando este muchacho salió de casa esa tarde pensó que iba a pasar una tarde divertida con la gente con la que se “lleva”. Seguramente no se imaginaba algo semejante a lo que ha ocurrido. Seguramente su familia no era consciente de lo que se avecinaba, ni tampoco sus amigos. Seguramente si él hubiera sabido todo esto, habría elegido otro camino, no hubiera abierto la puerta de casa. Seguramente si se lo hubieran dicho no habría creído a nadie, pero esto sucede.
A mi modo de ver, y esto es una reflexión personal, cada vez veo a más jóvenes con tendencias radicales en sus formas, pero no en su pensamiento ni en su capacidad de análisis. Percibo un incremento importante de posturas que no han sido realmente pensadas y de las que no se conocen las consecuencias. Percibo que los jóvenes se envalentonan cada vez antes y más rápido, como muelles, pero sin una capacidad de análisis real.
Ante la violencia, es mi última palabra, no hay que ser transigente, sea del signo que sea. El signo es lo de menos, porque las consecuencias son las mismas. Violencia en las calles por robos, violencia entre bandas y bandos, violencias políticas, violencias… ¿por la justicia? Esas últimas no son posibles, el sentido común lo pone de manifiesto.