Muerte de un joven skin.
Yo, como muchos otros en nuestra sociedad, como la inmensa mayoría, me he quedado conmocionado ante este acontecimiento. Estuve fuera el fin de semana, desconectado de noticias y periódicos, y cuando llegué a mi casa abrí los periódicos digitales para estar informado antes de llegar el lunes a mi trabajo en la escuela.
La primera noticia que me sorprendió fue la del rey. Después me quedé perplejo ante la muerte de este joven, de Madrid, que a sus dieciseis años ha sido asesinado en un vagón de metro, en el transcurso de una pelea.
Me quedo alucinado porque ya no sabemos cómo decir las cosas. Insistimos una y mil veces en que la violencia no soluciona nada, y para muestra un botón. Insistimos desde todas perspectivas posibles en que lo único que crea es más violencia, en espiral creciente. Insistimos en que hay lugares y momentos en los que no se debe estar.
Seguramente cuando este muchacho salió de casa esa tarde pensó que iba a pasar una tarde divertida con la gente con la que se “lleva”. Seguramente no se imaginaba algo semejante a lo que ha ocurrido. Seguramente su familia no era consciente de lo que se avecinaba, ni tampoco sus amigos. Seguramente si él hubiera sabido todo esto, habría elegido otro camino, no hubiera abierto la puerta de casa. Seguramente si se lo hubieran dicho no habría creído a nadie, pero esto sucede.
A mi modo de ver, y esto es una reflexión personal, cada vez veo a más jóvenes con tendencias radicales en sus formas, pero no en su pensamiento ni en su capacidad de análisis. Percibo un incremento importante de posturas que no han sido realmente pensadas y de las que no se conocen las consecuencias. Percibo que los jóvenes se envalentonan cada vez antes y más rápido, como muelles, pero sin una capacidad de análisis real.
Ante la violencia, es mi última palabra, no hay que ser transigente, sea del signo que sea. El signo es lo de menos, porque las consecuencias son las mismas. Violencia en las calles por robos, violencia entre bandas y bandos, violencias políticas, violencias… ¿por la justicia? Esas últimas no son posibles, el sentido común lo pone de manifiesto.
Vivir en justicia. 3.
Llegan fechas especiales. La Navidad se confunde en nuestra cabeza con las compras, con las preparaciones de actos espectaculares que congregan a las familias y a amigos. Es una época llena de vida, de ilusión y entusiasmo.
La sociedad en la que vivimos, que conoce bien qué queremos y qué andamos buscando, aprovecha para proponer todo tipo de actividades. Ante la enorme oferta el consumo también se dispara.
Ayer (16 de noviembre) aparecía en la televisión una noticia que da mucho que pensar. Se ha abierto una tienda donde los niños más pequeños en lugar de ver juguetes, pueden jugar con ellos y “divertirse” todo cuanto puedan. Esto se convierte en una forma más, de nuestra sociedad de consumo, para crear necesidades. Y además las empieza creando desde los más pequeños.
Se debería hacer un análisis sobre las compras durante estas épocas. Parece que todos las entienden como “necesarias”, es decir, que no se puede vivir la Navidad sin “comprar”, sin “gastar”, sin “comer como comemos”, sin “la cantidad de regalos que tenemos”…
Me gustaría abrir este post para reflexionar sobre esto y hacer propuestas educativas al respecto. Si alguien conoce alguna página, por favor, que la deje apuntada aquí para poder seguir estudiando esta cuestión.